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domingo, 6 de julio de 2014

Milhojas orgullosas


Horno de San Onofre
He vuelto a Madrid, me gusta volver por el día del Orgullo. Este año bajo el lema "Nos manifestamos por aquellos que no pueden" se montó un fiestón por el centro de la ciudad. El momento más reivindicativo fue la manifestación que recorrió parte de la ciudad y que por supuesto me perdí, las multitudes no van conmigo.

Eso sí, estuve paseando por el centro a la hora de la siesta. Una hora que lejos de vaciar Chueca, llenó sus placitas, terrazas y calles peatonales de gente, banderas multicolores, testosterona a tutiplen, tríceps marcados y unos músculos, cuyo nombre he tenido que buscar en internet, los llamados serratos mayores.

Por supuesto hice una parada en el ya clásico escaparate del Horno de San Onofre, y confieso que no me atreví. Los merengues orgullosos eran enormes, así es que me decanté por una tartaleta de chocolate negro que estaba para chuparse los dedos.

El centro de Madrid se convirtió en un maravilloso y enriquecedor escaparate de la diversidad. La homogeneidad del sarao estuvo a cargo de la cartelería que empapelaba el barrio.

El cartel más repetido era el de un macizo a lo marinerito, de musculoso cuerpo aceitado que anunciaba un resort gay en Mikonos (confieso que me dio coraje, yo esperaba la versión Pitiusa). Ese era por así decirlo, el más amable. El resto de la publicidad que se repartía entre los viandantes eran de todo menos sutil. Variaba desde el más puro estilo "comiquero" de los cincuenta (véase el cartel adjunto) a otros como el que anunciaba la "Banana Pool, The main pool party", donde dos efebos embutidos en sus mini-trajes de baño, con unos abdominales más que marcados, sujetaban con su mano izquierda un plátano a medio pelar rebozado en purpurina. Pero eso no es todo, al cuello lucían sendos carteles colgados con las leyendas "Suck it" y "Peel it", en ese momento se me ocurrieron muchos adjetivos menos romántico pero aún no sé porqué.
Y mientras todo esto pasaba por mis manos, solo me venía el título de la novela de Jane Austen, "Pride and prejudice". ¡Yo soy así!.


domingo, 3 de julio de 2011

Merengues gais

Este año me dí cuenta que Burger King se había travestido, como ya lo hiciera el McDonald de Gran Vía el año pasado. Esa iba a ser mi foto, cuando de pronto los ví, estaban ahí, eran preciosos, una colección de merengues gais que no dejaban de chistarme, no pude resistirme y volví mi cabeza.

Era el escaparate del Horno de San Onofre*, una de las pastelerías más hermosas de Madrid. Un paraíso para los golosos y los que no somos tan golosos. Donde no puedes dejar de mirar a todos los lados, de respirar ese maravilloso olor a pan, de desear que sea la Noche de Reyes para comer su delicioso roscón y por supuesto de volver a ser un niño.

Me fui de Chueca antes de que llegara la cabalgata por allí.  El calor y la muchedumbre tuvieron la culpa pero descubrir en mi huida este escaparate, me hizo reencontrarme con la sutileza, dulzura y belleza de la que adolecía la jornada hasta ese momento.


*La música de la página web es una maravilla.
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miércoles, 4 de agosto de 2010

Mi primera vez

Este mes de julio he presenciado como una pareja de abuelos paseaba a su nieto en el carrito y le hacían carantoñas. No es nada inusual, si no fuera porque los abueletes en cuestión eran chinos, ha sido mi primera vez. Nunca había visto a una pareja de abuelos chinos fuera de sus comercios, paseando plácidamente y disfrutando de la familia. La verdad es que me arrancó una sonrisa después de recuperarme del asombro.

domingo, 4 de julio de 2010

Un McDonalds gay

La imagen es de la fachada del McDonalds de Gran Vía en Madrid. Sobra decir que ayer era el día del Orgullo Gay y como parte del barrio, el restaurante se sumó a las celebraciones al igual que la mayoría de establecimientos de la zona.


La verdad es que esta fiesta consigue sorprenderme a cada paso, pero el detalle del restaurate quizás fuera el más llamativo para mí, o quizás tenga una idea demasiado conservadora de la sociedad americana y de la cultura que nos exportan.


Luego, buscando por la red, encontré el anuncio de Mc Donalds para Francia donde hacen un guiño al colectivo homosexual, pero el guiño es tan guiño que parece un parpadeo. Desconozco si en Estados Unidos existe esta iniciativa pero imagino que para muchos sería como dinamitar el monte Rushmore.

Pero el alarde de valentía continuó, el día era de lo más caluroso y cuando entrabas en el establecimiento te obsequiaban con un paipai de cartón, con la bandera multicolor y la M de MacDonalds que fuimos luciendo por toda la ciudad, ¡qué descoque!

En mi defensa diré que entré para realizar este trabajo de campo (previamente me había zampado un atún) y que las mejores hambruguesas que mis manos han acariciado son por este orden: las hamburguesas de mi amigo Mousie (hay que tener contento a la mano que te alimenta), las de Rubens de sirloin con piña del DF (sueño con ellas) y las inenarrables hamburguesas de la Parrilla de Homero en Quito.

Lo siento, me marcho a hacer una incursión en la nevera.

Una curiosidad, la bandera multicolor que se utiliza en estos festejos, es la misma que la de la munipalidad de Cuzco (Perú).

lunes, 4 de enero de 2010

Terror en el hipermercado...

...horror en el ultramarinos,
mi chica ha desaparecido
Y nadie sabe como ha sido.
Oh, no

Hace veinte años, Alaska ya vaticinó lo que me iba a pasar el sábado. Estaba yo en la tarera de renovar parte de mi vestuario más personal, vamos comprar mudas que dirían las abuelas, y para ello seguí, por supuesto, los consejos de la OCU de hacer un listado, un presupuesto y demás. Dado que la tarde no acompañaba mucho para eso de estar dando vueltas por ahí, me dirigí al centro comercial de la zona.

El estacionamiento debería haberme prevenido de cómo estaba el tema, pero no hice caso a mi olfato de rastreadora y necia de mí, decidí aventurarme. Intenté entrar en una tienda del ramo y no pude pasar de las balizas antirrobo que había en la entrada. Intenté cruzar el pasillo de apenas tres metros de ancho en dirección al establecimiento de enfrente y fui arrollada por un mar de gente que se movía como hipnotizada, al estilo de las películas de ciencia ficción de los años setenta donde aparecían autómatas camino de "sus alienados trabajos" (me ha quedado la frase de lo más poético).

Ignoré por segunda vez mi olfato y seguí perseverando, "duro y dale, duro y dale", tan solo me quedaba la opción de surtirme en la tienda Disney e imitar a mi sobrino y sus calzoncillos de Rayo McQueen pero tras revolver el estante, no encontré nada de mi talla.

Entonces advertí que las señales eran claras; olí las nubes, oí la hierba crecer a mi alrededor y decidí hacer caso a mi instinto rastreador, volví a casa.
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sábado, 17 de mayo de 2008

La velocidad de estar en casa

Ya estoy de vuelta en casa, la vida de mujer caracol me entusiasma pero echaba de menos algunas cosillas. Agarrar un taxi en Barajas a las 5 de la mañana "nótese que de momento no cojo nada, todo lo agarro" y ver amanecer por la R-2, M-40 y A-6. Sentir el agua correr por tu cuerpo y cepillarte los dientes después de ingerir el terrible almuerzo vegetariano del avión (no, no temáis sigo siendo omnívora). Bajar a comprar unos churritos y meterme en la camita a las 7 de la mañana, era el chupete que necesitaba para abandonarme en los brazos de Morfeo.

Morfeo me debía extrañar porque estado en su compañía hasta las 4:30 de la tarde, lo que quiere decir que esta noche no dormiré. No me preocupa, me he comprado un montón de libros de relatos de escritores mexicanos y unas cuantas películas para pasar mis noches de desvelo. Esta noche promete.

Por la tarde he agarrado a "la Mitsu", he bajado la ventanilla y he encendido el CD a toda pastilla mientras bajaba por la carretera de La Coruña, el viento ha hecho el resto. Durante los 20 minutos que ha durando el trayecto parecía que estaba rodando el anuncio de la BMW, con brazo por fuera y todo. Me he sentido realmente en casa, he tenido una sensación casi hogareña de la velocidad.
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